Nito Niko y Puntapié
Gilberto Auban - 02-08-2006 01:35:01 | Categoria: Conciertos
El 27 de julio el antiguo prostíbulo Picadilly se vestía al más puro estilo Tron para barruntar a dos promesas de la escena electrónico-acústica valenciana: Nito Niko y Puntapié.
Ante un público más reducido que el que se reuniría después, Nito Niko empuñó una guitarra y brindó un concierto aderezado con bases electrónicas que recordaban al actual Carlos Berlanga, pero siempre con los sonidos que surgían de sus manos como elemento principal. Una simpática acompañante (María) le ofrecía contrapuntos muy de vez en cuando pandereta en mano, y más tarde fue catapultado con los coros líricos de Nores, una colaboradora de voz implacable.

Los melancólicos nos balanceamos plácidamente con su versión de Christina Rosenvinge Alguien que cuide de mí, canción que, junto a las demás, interpretó con su timbre, a veces, increíblemente agudo y afinado. Su canción Tang de naranja haría morirse de envidia al mismísimo Guille Milkyway.
Tras un breve receso, llegó el turno del debut de Puntapié. Formado por Carlos y Pau, (este último es uno de los componentes deTwelve Dolls) este grupo ha dado el paso hacia el futuro (¿o es el pasado?) electrónico. Apoyados con unas bases más agresivas y las manos de Pau al teclado, ofrecen canciones rítmicas, variadas y con energía. El directo del que hicieron gala demostraba que ya han adquirido tablas sobre los escenarios.

Para la puesta en escena se procuraron un micrófono con efectos y otro al natural, así como un gran desparpajo a la hora de interpretar los temas. Letras de amor, con un pie en el absurdo (Enamorado de mi tv) y unas canciones de estructura pop que conocía casi todo el público llegaron al punto final con Mi novia es un robot.
Tras la música, los platos rodaron en Picadilly y los asistentes empezaron a pulular por los rincones del lugar: era el turno para la depravación.
Ante un público más reducido que el que se reuniría después, Nito Niko empuñó una guitarra y brindó un concierto aderezado con bases electrónicas que recordaban al actual Carlos Berlanga, pero siempre con los sonidos que surgían de sus manos como elemento principal. Una simpática acompañante (María) le ofrecía contrapuntos muy de vez en cuando pandereta en mano, y más tarde fue catapultado con los coros líricos de Nores, una colaboradora de voz implacable.

Los melancólicos nos balanceamos plácidamente con su versión de Christina Rosenvinge Alguien que cuide de mí, canción que, junto a las demás, interpretó con su timbre, a veces, increíblemente agudo y afinado. Su canción Tang de naranja haría morirse de envidia al mismísimo Guille Milkyway.
Tras un breve receso, llegó el turno del debut de Puntapié. Formado por Carlos y Pau, (este último es uno de los componentes deTwelve Dolls) este grupo ha dado el paso hacia el futuro (¿o es el pasado?) electrónico. Apoyados con unas bases más agresivas y las manos de Pau al teclado, ofrecen canciones rítmicas, variadas y con energía. El directo del que hicieron gala demostraba que ya han adquirido tablas sobre los escenarios.

Para la puesta en escena se procuraron un micrófono con efectos y otro al natural, así como un gran desparpajo a la hora de interpretar los temas. Letras de amor, con un pie en el absurdo (Enamorado de mi tv) y unas canciones de estructura pop que conocía casi todo el público llegaron al punto final con Mi novia es un robot.
Tras la música, los platos rodaron en Picadilly y los asistentes empezaron a pulular por los rincones del lugar: era el turno para la depravación.
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